Tales from the Borderlands

Rhys y Fiona, protagonistas del juego
La franquicia Borderlands me gusta. Me gusta su estética; me gusta su humor; me gusta cómo mezcla rol y acción en primera persona tan perfectamente que no te das cuenta lo bien que está hecho hasta que lo comparas con Destiny. No es una sinfonía, por supuesto que no; es más bien como un concierto del punk más duro, de esos en los que pierdes la cabeza a base de ritmos rapidísimos y bailes basados en darse empujones unos a otros, que sin embargo disfrutas como un loco. El primer Borderlands me gustó por su mecánica; la historia no era gran cosa, 4 aventureros en busca de una cámara de tesoros era toda la motivación que se necesitaba y sin embargo, ¡Qué carisma tenían los personajes! Luego salió Borderlands 2 y la saga subió varios enteros. La trama ya no era simplemente esa búsqueda de tesoros sino tenía un enemigo, Jack el guapo, presidente de la empresa más importante de Pandora,  Hyperion, que buscaba la cámara en la que se decía que había un poder inimaginable; una vez más el carisma se hacía presente en los personajes pero en esta secuela de forma mucho más marcada. Hasta el secundario más nimio tenía mayor carisma que todos los soldados de la campaña de Battlefield 4 juntos. Por último apareció pre-Sequel! Que tampoco es que llegase a la altura del 2 pero aun así me pareció un muy buen juego.

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